Esta nueva interacción radica en abandonar toda oposición o resistencia contra el momento presente y la forma y contenidos con las que aparece. La práctica que ello conlleva es fácil de exponer: dejar de nombrar, etiquetar y clasificar todo lo que nos rodea y a nosotros mismos, cesar de interpretar y enjuiciar cada cosa del mundo de los objetos, cada persona que encontramos, cada situación o acontecimiento, cada acción propia o ajena, cada pensamiento…

Se trata de dejar de discutir con lo que es. Es una práctica elemental: es lo que hacen las plantas, los árboles o los animales. Y es una práctica espiritual: hace que aflore el Ser, el Yo profundo. Conseguimos la alineación interior con el momento presente; aceptamos su forma, sus contenidos cualesquiera que sean, de manera abierta y amistosa.

Práctica elemental y espiritual
Práctica elemental y espiritual

No polemizamos con lo que es y que no puede ser de otra manera que como ya es. Lo cual no supone ni resignación ni inacción. Al contrario, hace la acción mucho más eficiente, pues se actúa alineado con la vida, no desde la negatividad del ego. Al no poner a otras personas en prisión mental, tampoco me meto en ella yo mismo.

Y al no juzgar, siento y genero una paz que se convierte en bendición para cada persona que encuentro. Comprobaremos que esta práctica, ejercitada de modo continuo en el presente, proporciona una gran sensación de libertad. No en balde, dejamos de estar atrapados en la pequeña historia del ego. Ya no hay piloto automático: El Ser toma el mando.

¿Por qué es importante distinguir entre el espíritu y el alma? Porque conocer esta diferencia determina en gran manera la vida espiritual del creyente. Si los creyentes no saben hasta dónde llega su espíritu, ¿cómo podrán entender la vida espiritual? Y si no entienden la vida espiritual, ¿cómo van a crecer en ella? No crecen debido a que descuidan o desconocen la diferencia que hay entre el espíritu y el alma. Y muchas veces creen que algo del alma es espiritual; viven constantemente centrados en su alma, y no buscan las cosas espirituales. Si mezclamos lo que Dios separó, inevitablemente sufriremos pérdida.

Práctica elemental y espiritual
Práctica elemental y espiritual

El conocimiento espiritual se relaciona estrechamente con la vida espiritual. Sin embargo, es crítico que el creyente esté dispuesto a recibir la enseñanza del Espíritu Santo. En tal caso, el Espíritu Santo hará una separación entre el alma y el espíritu en la experiencia del creyente, aunque éste ni siquiera conozca dicha verdad. Un creyente con poco conocimiento sobre la diferencia entre el alma y el espíritu puede experimentar dicha diferencia.

Por otro lado, un creyente que conozca esta verdad puede estar muy familiarizado con ella sin experimentarla en absoluto. Lo óptimo, obviamente, es tener tanto el conocimiento como la experiencia. A muchos creyentes les falta la experiencia, por lo cual es bueno permitir que conozcan las diferentes funciones del alma y del espíritu, ya que así buscarán las cosas espirituales.

Fuente: Espiritualidad Práctica – Juan Pedro Bordes Serrat.