Vivir en el presente es ser totalmente conscientes de nuestra vida y apreciarla, aquí y ahora. La conciencia del momento presente es ser conscientes de lo que está sucediendo en nosotros y en nuestro mundo en lugar de perdernos en miedos arbitrarios del pasado y en incertidumbres, esperanzas y expectativas sobre el futuro. En ausencia de tales fantasías tenemos la oportunidad de disfrutar de nuestra vida cotidiana. Para empezar, hemos de tener una idea de lo que supone estar presentes.

Cuando vivimos en el presente, estamos utilizando nuestro cuerpo con el fin para el que fue diseñado: sentir la realidad pura y dura de la vida. La claridad de esa experiencia aumenta cuando aprendemos a ser plenamente conscientes de nuestros sentidos, pensamientos y emociones. Cuando hacemos este esfuerzo de estar presentes con nosotros mismos, estamos fomentando la oportunidad de crecer. La mayoría de las personas tenemos mucho miedo a lo que nos deparará el futuro, lo cual nos conduce a reaccionar a ciegas frente a los inevitables obstáculos que se presentan de tanto en tanto en nuestras vidas.

Práctica el ahora
Práctica el ahora

Al estar tan absortos en nuestras preocupaciones, nos perdemos la única vida real que tenemos: la que está sucediendo aquí mismo y ahora mismo en el momento presente. Puesto que la mayoría de las personas no estamos acostumbradas a «estar» con nosotras mismas, sin algún tipo de distracción, nada tiene de extraño que encontremos barreras de ansiedad y agitación que nos bloqueen el camino. Esto es muy normal y no debe distraernos ni disuadirnos de nuestros esfuerzos. Tal como veremos más tarde, estas barreras pueden ser algunos de los mayores impedimentos para que disfrutemos en nuestra vida.

Puenteando el presente, pasando por encima de él, proyectamos el pasado, con sus frustraciones y carencias, hacia el futuro. Pero éste es sólo otra invención de la mente, otro objeto mental. El futuro sólo es real cuando ya no es un objeto mental, es decir, cuando deja de ser futuro y se transforma en el momento presente. Sin embargo, al observar el mundo que nos rodea, es fácil constatar que el futuro se ha convertido en una droga a la que se mantiene enganchada una ingente cantidad de personas. La gente se aferra al futuro cual tabla de salvación.

Lo consideran imprescindible para salir del agujero emocional en el que han caído, para experimentar nuevos sentimientos y sensaciones, para poseer los objetos que precisan o les ilusionan, para completarse, para ser felices. Desde luego, el futuro es útil para las cosas prácticas, pero más allá no tiene ningún sentido. Está claro que cada cosa que hacemos requiere tiempo para completarse; y que hay acciones que han de ejecutarse hoy con la mirada en el mañana o que forman parte de una cadena de tareas que transcienden el ahora.

Práctica el ahora
Práctica el ahora

Pero en lo que corresponda hacer en este ahora, no son futuro, sino presente. Y en éste me debo ocupar de lo que me tengo que ocupar, sean cuales sean sus implicaciones o consecuencias en el tiempo. Son las ocupaciones del momento presente, no las pre-ocupaciones por el mañana.

La realidad es que gastamos muchísima energía en las preocupaciones, mientras que ponemos escasa atención en llevar a cabo las ocupaciones de la mejor manera posible. En lugar de diferenciar entre ocupaciones y preocupaciones y centrarnos exclusivamente en las primeras, nos metemos en una cadena sin fin donde el pasado condiciona el futuro y éste, cuando llega, se añade al pasado y vuelve a condicionar el futuro. La droga del futuro nos tiene desquiciados.

El futuro no existe, excepto en la mente, como un pensamiento. El pequeño yo, el ego, está siempre esperando encontrarse a sí mismo en algo que hallará en el momento próximo; anda siempre en camino hacia lo que sea. Y esto, lógicamente, provoca estrés.

Fuente: El poder del ahora – Eckhart Tolle