Podemos iniciar cualquier relación, en cualquier circunstancia y bajo cualquier condición, más sno existe la confianza, rara vez llegará lejos y de sobrevivir, no será una relación de calidad, ni mucho menos resistente a los avatares del camino.

Toda relación tiene etapas, enfrenta obstáculos y se pone a prueba, si la confianza está ausente en alguna de estas etapas, la oscuridad se hará presente, las tempestades harán estragos y cualquiera que se interponga, logrará su cometido.

La pareja, la familia, los hijos, los amigos, los equipos de trabajo…todas las relaciones en nuestra vida, complejas o no, requieren un mínimo de confianza, sin este pegamento no hay base posible, la duda permanente y la intención mal sana, tendrán la entrada libre, y avanzar con este peso es prácticamente imposible.

Ahora resulta difícil creer en alguien, la lealtad y la consideración ha perdido el paso, pero eso obedece a las consciencias dormidas de los hombres, al irrespeto entre los seres humanos y al accionar desde el interés particular, la compasión ha quedado relegada, pero hay virtudes que jamás se irán, simplemente se adormecen.

Confiar es necesario, para construir, para levantar, para consolidar, para elevar consciencias y establecer relaciones provechosas, genuinas y transparentes, donde el amor fluya y supla cualquier controversia, donde el temor no sea el principal protagonista, donde podamos mirarnos a los ojos, sin bajar la cabeza.

Más allá de los sin sabores, de las decepciones y desengaños, del temor y de la duda, confiar es una propiedad del ser humano, que solo se comprueba confiando en los demás.