El amor en la familia
El amor en la familia

Al hablar de familia se hace referencia a un grupo de personas que, teniendo lazos de parentesco, viven juntas bajo la emoción del amor.

Es decir, el amor es una emoción básica en la relación intrafamiliar. Cuando no existe la pasión de vivir juntos la familia se desintegra como tal. El amor es el motor que mantiene a la familia unida y constituye el principal alimento para el crecimiento y desarrollo de los hijos y la relación de pareja.

La palabra amor identifica el afecto, la necesidad de estar cerca del otro pero por sobre todo la aceptación incondicional del que se ama. En la familia el amor es la emoción básica que sustenta las relaciones entre padres e hijos y entre los integrantes de la pareja. En la familia se recibe el amor y se aprende a darlo a los demás, en la familia se aprenden las formas de expresión de dicho amor y se aprende a compartir y a aceptar a los demás.

¿Qué es el amor en sí?… Sin rodeos filosóficos ni metafísicos, el amor es un proceso que comienza comprendiendo a la otra persona, y esa comprensión genera aceptación. La persona aprende a aceptar cuando comprende. Es así, como en una relación de pareja, se acepta a la otra persona, haciéndola partícipe de su vida y participando a la vez de la suya.

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El amor en la familia
El amor en la familia

Es una relación recíproca, generando un compromiso serio, responsable y libre de aceptación del otro. Aceptar y comprometerse significa, que si usted ama realmente a la otra persona, debe comprometerse con ella y con sus circunstancias existenciales, entenderla y aceptarla como es, sin pretender cambiarla.

Mientras más amistad y confianza exista entre padres e hijos, mejor podrá ser la labor de asesoramiento y dirección. Mientras se gane el corazón de su hijo, será más fácil educarle, porque si no tienes el corazón en la mano en el momento en que usted exija, lo más probable es que la relación se deteriore. Enseña desde pequeños la importancia del amor.

Más allá de tus problemas y de tus necesidades perentorias, la familia es un “centro de amor”, donde reina la ley del respeto y de la comunión, capaz de resistir a los embates de la manipulación y de la dominación de los “centros de poder” mundanos. En el hogar familiar, la persona se integra natural y armónicamente en un grupo humano, superando la falsa oposición entre individuo y sociedad. En el seno de la familia, nadie es descartado: tanto el anciano como el niño hallan acogida. La cultura del encuentro y el diálogo, la apertura a la solidaridad y a la trascendencia tienen en ella su cuna.

El amor familiar es fecundo, y no sólo porque engendra nuevas vidas, sino porque amplía el horizonte de la existencia, genera un mundo nuevo; nos hace creer, contra toda desesperanza y derrotismo, que una convivencia basada en el respeto y en la confianza es posible.

Conscientes de que el amor familiar ennoblece todo lo que hace el hombre, dándole un valor añadido, es importante animar a las familias a que cultiven relaciones sanas entre sus miembros.

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