El amor de pareja
El amor de pareja

Pensar en unir nuestro destino para toda la vida a otra persona, a quien conocimos poco tiempo antes, es cosa que debe tratarse con cautela.

En principio, el éxito o fracaso de la relación, surtirá efectos idénticos en ambos integrantes por lo tanto, serán dos en vez de uno, los que se beneficien, lamenten, o se perjudiquen de la elección.

En tal sentido, siempre me ha llamado la atención el hecho de que las personas, para tomar decisiones como la de adquirir un vehículo (evento éste sin particular importancia en el futuro de sus vidas), hacen todo tipo de investigaciones: consultan revistas especializadas, catálogos, vídeos, visitan varios concesionarios, prueban varios vehículos y, en general, buscan todo tipo de asesoramiento para finalmente efectuar la compra.

Asimismo, cuando deciden adquirir una mascota estudian hasta el último detalle en cuanto a su alimentación, costumbres, enfermedades, pedigrí, etc., y es al final cuando ya han manejado toda esta información que realizan la adquisición correspondiente.

Sin embargo, en el mundo de las relaciones personales íntimas, por el contrario, todos los días nos enteramos de personas que inician una relación de pareja, inclusive por matrimonio civil y eclesiástico, con alguien a quien conocieron en una fiesta o por Internet, quizás de otro país u otra cultura, en apenas días de conocerse; y otros casos, hasta donde sabemos, nunca han tenido contacto físico o visual personal y se casan por poder.

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El amor de pareja

Que esto sea indeseable, reprochable o pecaminoso, no me parece. Pero lo que sí creo es que tiene menos posibilidades de tener éxito una relación como la señalada, que otra en la que antes de la unión los integrantes se hayan dado la oportunidad de conocerse mediante el intercambio y la comunión de sus opiniones sobre sus vidas, familias, culturas, ambiciones, metas, frustraciones y realizaciones; así como su concepción de la vida del hombre sobre la tierra, sus fines esenciales y qué es lo que esperan de ella.

Aunque sinceramente pienso que es muy difícil que dos personas puedan asegurar que se conocen suficientemente, únicamente por la comunicación oral o escrita que hayan mantenido durante algunos meses o años, sí estoy persuadido de que algunos aspectos de la relación pareja son de tan trascendental importancia que que deben tratarse, discutirse y de ser posible, dirimirse antes de la unión definitiva de la pareja.

Por ejemplo, el tema de las relaciones sexuales de los integrantes de la pareja –para algunos tabú– pudiera ser el principal tema a tratar, ya que no se concibe una relación de pareja puramente espiritual porque no llenaría uno de los fines primordiales, el cual es la reproducción mediante el acto sexual.

Pero tampoco se concibe una relación de pareja donde el único elemento importante lo sea la parte corporal, física o fisiológica, porque tal relación no tiene posibilidad de mantenerse en el tiempo.

Pienso que individualmente cada candidato a integrar la futura pareja, previo a la unión debe definir de la manera más sincera, consigo mismo y con su par, cuál es su concepción personal del cuerpo con relación a su espíritu y viceversa.

Esto, porque la relación de pareja va a moverse en un mundo de probabilidades, más que de posibilidades, sobre la base de que lo probable de suyo es más inmediato que lo posible, por lo cual esto último es más remoto.

Entonces, tiene más probabilidades de tener éxito una pareja que previamente ha explorado, analizado y discutido sobre sus propias opiniones o creencias respecto de la parte espiritual de la relación y encontrar que tienen múltiples afinidades, que aquélla que no lo hace y por tanto, esta última es la que tiene menos posibilidad de resultar exitosa.

No hay duda que el conocimiento mutuo de los criterios o creencias de cada uno, puede permitirles determinar en su ser interno si esa forma de pensar es coincidente o aceptable con su concepción del asunto, y de tal manera hacerse una idea de la entidad de la probabilidad de éxito de la misma.

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