Definiciones de amor
Definiciones de amor

En el lenguaje cotidiano, el amor suele asociarse en forma directa al amor romántico, que supone una relación pasional entre dos personas.

Sin embargo, el término puede aplicarse a otro tipo de relaciones, como el amor familiar, el amor platónico y otros sentidos más amplios. En todos los casos, el amor representa un sentimiento de gran afecto.

Así podríamos llevar a cabo una serie de oraciones que ejercieran como ejemplos de los diversos tipos de amor. De esta forma podríamos exponer las siguientes: “Juan y Lucía contrajeron matrimonio por amor”, “La mirada de Isabel hacia su hijo era una muestra del orgullo y del amor de madre que sentía” o “Manuel quiso entrar en el seminario para comenzar a trabajar como sacerdote como muestra de su amor a Dios”.

El amor no es un concepto biológico. Diversas expresiones relacionadas con el amor, tanto en los seres humanos como en otras especies, no se encuentran relacionadas con la supervivencia.

De esta forma, podemos mencionar a las relaciones sexuales sin fines reproductivos y a los comportamientos altruistas. Cabe destacar que distintos estudios científicos han hallado vínculos correlativos entre la cantidad de hormonas presentes en el organismo y los estados que se califican como amorosos.

En este sentido, cabría destacar que esa explicación iría muy en relación con lo que se conoce como que “el amor es ciego”. Y es que, parece ser, que la revolución que experimentan nuestras hormonas y las sensaciones que ellas nos hacen vivir cuando estamos junto a la persona de la que nos hemos enamorado no nos permite ver la realidad en cuanto se refiere, por ejemplo, a cómo es nuestra pareja o a la relación que estamos viviendo.

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Definiciones de amor

¿Existe una definición del amor en filosofía?

El problema de las definiciones en filosofía no es que se carezca de ellas, es que nos enfrentamos a la abundancia de las mismas; esto mismo se aplica al concepto de ‘amor’, hay casi tantas definiciones del mismo como filósofos han existido, sin embargo, yo diría que, en este caso, se pueden reducir a dos principales núcleos semánticos: Eros y Ágape.

Esto es válido para la filosofía occidental, que se ha nutrido históricamente de dos fuentes culturales básicas, me refiero al pensamiento clásico grecolatino y a la matriz judeocristiana.

Los griegos llegaron al punto en el que las principales discusiones alrededor del amor se centraron en el tema “erótico”, es decir, en los afectos del alma que partían del impulso hacia los cuerpos bellos y llegaban al ámbito de lo divino; así tenemos, por ejemplo, a Platón para quien el amor es el producto de una tensión entre la abundancia y la necesidad, de ahí su plenitud pero también su carencia: el amor es análogo al deseo que busca completar su satisfacción, pero cuya dinámica existencial es terriblemente agotadora por el proceso de búsqueda que supone.

Por otro lado, la noción cristiana de Ágape refiere más bien al ámbito de la gracia divina, su modelo es la plenitud y perfección del amor de Dios hacia los hombres, amor inmerecido que se otorga sin condiciones a quien incluso lo desprecia, el patetismo propio de esta noción cristiana tiene su precisa iconografía en la crucifixión del hijo de Dios, sangrando por su insensato amor a los hombres.

Estas son las dos fuentes que rigen las principales acepciones del amor en Occidente, la noción ascendente de Eros, demasiado humana, estética y extática, y la noción de Ágape, divina, perfecta, compasiva y ética.

Fuentes: www.comoves.unam.mx

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